Gideon Levy, Haaretz, 16 de agosto de 2026
El terrorismo en Qusra, en Tell, es israelí. Calificar este terrorismo de judío pretendía borrar o diluir la responsabilidad directa de Israel.

Una israelí como usted o como yo es entrevistada por el periodista británico Piers Morgan en su programa homónimo y, durante varios largos minutos, se niega a responder a una pregunta sencilla: ¿vale la vida de un palestino tanto como la de un israelí?
Morgan formula la pregunta cuatro veces, y cuatro veces la dirigente de los colonos Daniella Weiss se niega a responder. Incluso lleva su respuesta al terreno de la igualdad entre los sexos: cualquier cosa con tal de evitar contestar.
Finalmente, ella murmura algo sobre Dios, que creó a todos, para quitarse de encima al molesto entrevistador. Él le recuerda las palabras de otro colono, Yehuda Shimon, del puesto avanzado de Havat Gilad, quien unos días antes había dicho a la BBC que la vida de un judío equivale a la de 10 millones de palestinos.
Millones de personas de todo el mundo oyen estas declaraciones; ¿qué se dicen a sí mismas? Que esto es Israel. Los israelíes oyen estas declaraciones; ¿qué se dicen a sí mismos? Que esto no es Israel.
¿Qué tiene que ver Weiss con nosotros? No nos representa. Tampoco el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir ni Bezalel Smotrich. ¿Las desquiciadas declaraciones del ministro de Defensa Yisrael Katz? Nada que ver con nosotros.
Los «jóvenes de las colinas» tampoco nos representan. ¿Los pogromos en los territorios? Esos no somos nosotros. ¿El kahanismo? Nada que ver con nosotros. Incluso la mitad de los israelíes dice que el primer ministro Benjamín Netanyahu no los representa.
Israel se ha convertido en un país extraño, único; nada de lo malo que ocurre aquí nos representa. Una auténtica maravilla. Los extremistas no somos nosotros. La fealdad: no es nuestra. La supremacía judía: ninguna relación con nosotros. Nada problemático nos pertenece. Ni siquiera el gobierno nos representa.
Entonces, ¿quién nos representa? ¿Dónde están los millones de israelíes para quienes nada de lo que hace Israel son ellos?
Es hora de que reconozcamos que Israel es precisamente lo que ven los espectadores en Gran Bretaña y USA. A sus ojos, Weiss es Israel e Israel es Weiss. Después de la muerte de decenas de miles de gazatíes, entre ellos miles de bebés, y después de las repugnantes manifestaciones cotidianas de supremacía judía en Cisjordania, ya no es posible decirle al mundo «esos no somos nosotros» y «no en nuestro nombre». El mundo sencillamente ya no se lo cree. (La pregunta interesante es cuántos israelíes siguen creyendo en estas distinciones imaginarias.)
El primero en decirlo, quizá involuntariamente, fue, de entre todas las personas, el embajador de USA en Israel, Mike Huckabee. Desde lo más profundo de su visión delirante de un Israel que se extiende desde el Nilo hasta el Éufrates, pronunció por primera vez las palabras «terroristas israelíes ».
Después de años diciendo que no existe el terrorismo judío, que es un oxímoron, llega el bautista de Arkansas y llama a las cosas por su nombre: terrorismo israelí. La derecha, que durante años ha sostenido que no existe el terrorismo judío, tiene razón. No existe el terrorismo judío. Existe —¡y vaya si existe!— el terrorismo israelí.
Calificar este terrorismo de judío pretendía borrar o diluir la responsabilidad directa de Israel. Esto servía al Estado, por supuesto. Pero también servía a los israelíes, que podían seguir diciéndose que existe ese grupo de extremistas que no representa al Estado, y mucho menos a ellos.
Pero entonces llegó Huckabee, deshizo la mentira y colocó la responsabilidad sobre Israel, colectivamente. Tiene razón. El terrorismo en Qusra, en Tell, es israelí. El responsable es el Estado de Israel, no Weiss ni Shimon. Se lleva a cabo en su nombre y lo representa, y deberíamos despertar y reconocer que, ante el mundo, nos representa a nosotros. A todos los israelíes.
El mundo ya no se cree nuestras distinciones entre el Israel verdadero (y hermoso) y el Israel (feo) que aparece en todas las pantallas del mundo, y con razón. Deberíamos aceptar que, desde una perspectiva histórica, todos somos Weiss, Ben-Gvir y Smotrich.
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