Irán le gana a Trump en el arte del trato
La guerra podría terminar con un Irán más confiado, más radical y con nuevos recursos para reconstruir su programa nuclear.
Gideon Rachman, Financial Times, 25 de mayo de 2026
Traducido por Tlaxcala
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«Lo peor que puedes hacer en una negociación es parecer desesperado por cerrarla. Eso hace que el otro huele la sangre y entonces estás muerto. Lo mejor que puedes hacer es negociar desde la fuerza, y el poder de presión es la mayor fortaleza que puedes tener.» Ese era el principio que Donald Trump (o su escritor fantasma) expuso en The Art of the Deal (El arte de la negociación), publicado en 1987.
Quizás Trump debería haber releído su propio libro antes de publicar el 5 de abril: «Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno». A simple vista, esa exigencia sonó un tanto desesperada — especialmente cuando Trump no cumplió sus amenazas de desatar una violencia infernal contra Irán.
La cruda realidad es que, en las conversaciones para poner fin a la guerra, Teherán ha tenido la ventaja. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ejerció una presión intensa sobre la economía mundial. A medida que los precios de la gasolina subían en USA, los índices de popularidad de Trump en las encuestas se desplomaban. El resultado es que, en el momento de escribir estas líneas, USA parecía dispuesto a aceptar un acuerdo que — a largo plazo — amenaza con dejar a Irán en una posición más fuerte que antes de que comenzara esta guerra.
La esencia del acuerdo emergente es que Irán acepta abrir el estrecho sin cobrar peaje. A cambio, obtiene un alivio gradual de las sanciones — incluido el desbloqueo de miles de millones de dólares en activos. Irán hará promesas de restringir su programa nuclear. Pero los detalles serán objeto de futuras negociaciones — por lo que ese problema sigue esencialmente sin resolver.
Trump ha insistido en que no tiene prisa y que nunca aceptaría un mal acuerdo. Pero la reacción de los halcones republicanos ante el acuerdo emergente fue reveladora. El senador Ted Cruz sugirió que podría ser un «error desastroso» porque dejaría a Irán «capaz de enriquecer uranio y desarrollar armas nucleares, y teniendo un control efectivo sobre el estrecho de Ormuz». El senador Roger Wicker, jefe del comité de servicios armados del Senado, advirtió que el acuerdo emergente «no valdría el papel en el que está escrito».
El gobierno israelí, que desempeñó un papel crucial para convencer a Trump de ir a la guerra en primer lugar, será educado en público sobre cualquier acuerdo — no solo porque Benjamin Netanyahu debe enfrentarse pronto a los electores. Pero la realidad es que el líder israelí vendió la guerra como una oportunidad única para asegurar un cambio de régimen en Irán.
Ahora ve el conflicto terminar con el régimen iraní todavía en el poder — más confiado, más radical y con nuevos recursos financieros para reconstruir su programa nuclear y su red de representantes en todo Oriente Medio. Eli Groner, ex director general de la oficina de Netanyahu, sostiene que el saber que Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz en cualquier momento en el futuro «es una victoria mucho más profunda y estratégica que cualquier logro militar puntual». Su resumen de una palabra fue: «Desastre».
Además de aliviar potencialmente la grave situación financiera y económica de la república islámica, es probable que el acuerdo incline el equilibrio regional de poder en dirección a Irán. Como observó Dan Shapiro, ex embajador de USA en Israel, en X: «Irán ha ganado una influencia significativa para el futuro al demostrar que puede controlar el estrecho, atacando a sus vecinos y a las bases americanas en la región y causando daños considerables, y al recibir el mejor golpe de Estados Unidos e Israel y sobrevivir».
Shapiro cree que, no obstante, Trump está tan acorralado que aceptar un mal acuerdo que abra el estrecho sería una mejor opción que continuar la guerra. Dados los crecientes riesgos de una crisis energética mundial y una recesión global, ese es un cálculo comprensible. USA también tiene recuerdos recientes de guerras — incluyendo Vietnam y Afganistán — que se prolongaron demasiado, mientras el país luchaba en vano por mejorar una posición perdedora.
Si y cuando Trump acepte un mal acuerdo, será porque no tiene una alternativa viable. La propuesta del senador Wicker era «permitir que las fuerzas armadas cualificadas de Estados Unidos terminen de destruir las capacidades militares convencionales de Irán y luego reabran el estrecho». Pero un esfuerzo para asegurar el estrecho por medios militares probablemente habría requerido el despliegue de tropas terrestres y la aceptación de numerosas bajas usamericanas. Incluso entonces, los iraníes habrían podido amenazar el transporte marítimo con drones o misiles.
Las amenazas ocasionales de Trump de desatar el «Infierno» sobre el régimen iraní carecían de credibilidad — debido a su evidente reticencia a involucrarse en una guerra terrestre y al peligro de represalias iraníes contra los Estados del Golfo y su infraestructura energética. En la jerga de los analistas militares, la vulnerabilidad del Golfo le dio a Irán «dominio de la escalada».
El presidente usamericano— que se compara obsesivamente con el expresidente Barack Obama — solía ridiculizar el acuerdo nuclear que la administración Obama alcanzó con Irán en 2015. Trump lo ha calificado como «una de las peores y más unilaterales transacciones que Estados Unidos ha realizado nunca» y afirmó: «Nunca, nunca, nunca en mi vida he visto una transacción negociada de manera tan incompetente como nuestro acuerdo con Irán».
Pero Trump mismo está negociando ahora un acuerdo que parece, en muchos aspectos, peor que el que negoció Obama — en parte por el conocimiento latente de que Irán todavía puede cerrar el estrecho de Ormuz, cuando quiera. Eso es el logro del maestro del arte del deal.

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